Automachef

Automachef es un puzzle, que aunque parece muy sencillo. Nos tomará por sorpresa en una experiencia que propone un mejor plan de control mundial que Skynet.

Plataformas: PC (Reseñado)/Nintendo Switch
Desarrollador: Hermes Interactive
Publishers: Team17 Digital Limited
Lanzamiento: Julio 23/2019
Género: El Chef Skynet

Deliciosamente complejo

Todo comienza porque estás desempleado. Entonces un robot te contrata para que le ayudes a montar cocinas automatizadas. Haces tú mejor trabajo y después te percatas de que tu jefe lo que quiere es conquistar el mundo… ¿con comida?

Skynet no tenía un plan tan bueno. Ni tan delicioso.

Automachef es un juego de puzles de esos engañosamente sencillos. En principio se parece mucho a esos jueguitos de poner tuberías para que el agua pase de una parte del mapa a otra. También recuerda a Overcooked por su estética y tal vez a Factorio. Pero el juego trata de conectar máquinas y bandas transportadoras para transformar ingredientes, combinarlos y entregarlos a nuestros comensales. 

Y demostrar la superioridad de la comida robotizada. 

En cada nivel debemos cumplir un par de objetivos. Normalmente es entregar un número de pedidos exitosos sin pasarse del presupuesto o el número de ingredientes, sin usar demasiada electricidad y entregando los pedidos en un tiempo determinado. Claro que todo empieza paso a paso, y el juego nos obliga a buscar la eficiencia de uso de espacio, ingredientes y energía con cada nuevo nivel.

Nuestras herramientas principales son dispensadores de comida, procesadores de alimentos, parrillas/freidoras, estaciones de ensamblado, bandas transportadoras y brazos robotizados. Luego el juego introduce aparatos más complejos. 

Además de las máquinas que “hacen” las cosas, tenemos computadoras programables (sí, programables) que nos ayudan a organizar el posible caos que causamos si dejamos que los dispensadores, por ejemplo, funcionen sin control, escupiendo ingredientes cada 5 segundos. Estos computadores dan órdenes a las máquinas según un par de condiciones sencillas, como que una orden esté pendiente. 

Así podemos prender o apagar máquinas, dispensar o no ingredientes según lo que tengamos que hacer.

El juego tiene una campaña de 30 niveles, un modo por contratos (misiones más independientes) y un modo de construcción libre. La campaña es la forma de aprender a jugar y no se demora en poner a nuestra disposición todo un arsenal complejísimo de herramientas para la máxima eficiencia culinaria. Pero tiene sus cuellos de botella.

Algunas misiones pueden tomar 15 o 20 minutos y otras mucho más de una hora. Y algunas otras – como la que intento resolver ahora – tiempo infinito. Es, como todo buen puzzle, un “tira y afloje” entre la satisfacción y la frustración. 

La mayor parte del tiempo estamos en etapa de planeación, construcción y prueba y error.   Vamos aprendiendo recetas y configuraciones eficientes de nuestros robots y computadores, y eventualmente mezclando esas configuraciones y esas recetas para obtener los resultados que nos piden. Hay mucho de adaptarse a espacio limitado que ayuda a entender cómo ser más eficientes en todo sentido.

La curva de aprendizaje es generalmente lenta, pero tiene sus picos violentos. 

Lograr armar una cocina para que cumpla con los requisitos del nivel y verla funcionando es una experiencia casi mágica. La satisfacción de ver cómo todo sucede sin problemas, solo, por pura planeación es inmensa. Así que la frustración de no saber cómo resolver errores fatales o pequeños descuidos de electricidad (maldita seas) o gasto de ingredientes es proporcional.

Francamente, el juego nos lleva de la mano hasta lograr cocinas ridículas con objetivos que en un principio parecen imposibles. Inicialmente, lo más retador es manejar la energía. 

Y luego aparece la programación.

Ya había dicho que hay computadoras que uno puede programar para dar órdenes. Pues también se puede programar dentro del juego para optimizar más las cocinas. Y cuando hablo de programar hablo de escribir líneas de código en un lenguaje muy parecido a Assembly. Es real.

El juego tiene todo un pequeño espacio para que escribamos nuestro propio código y hasta tiene un pequeño tutorial. Dominar esta parte del juego es clave para los escenarios más difíciles porque se pueden escribir programas como: solo dispensar 50 ingredientes mientras la parrilla 1 esté prendida. El juego facilita un poco las cosas con una herramienta visual para armar el código, más fácil de comprender y que ayuda cantidades.

Yo lo veo como una forma ingeniosa de enseñar programación. Mucho lo verán como un cuello de botella terrible.

Automachef no es el puzzle para relajarse. Tiene retos como para sacarse los ojos. Sin embargo, para quienes están buscando algo que les frite las neuronas y de paso les enseñe un poco de programación, este es el juego ideal.

Solo advierto que puede dar mucha hambre jugarlo.

Reseña hecha con una copia de Automachef para PC provista por Team 17

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