Ni-Oh 2

Con un combate mejorado y una dificultad aún más alta, Ni-Oh 2 logra traer elementos muy interesantes a la mesa en uno de los grandes títulos de 2020.

Plataformas: PS4 (Reseñado)
Desarrollador: Team Ninja
Publishers: Sony Interactive Entertainment
Lanzamiento: Marzo 13/2020
Género: Masoquismo Feudal

Katanas y gatos redondos. Japón contraataca.

Team Ninja ha acertado de nuevo con la segunda entrega de Nioh, probando una vez más que el marco propuesto por From Software todavía aguanta innovación y mejora. El primer Nioh entró a un entorno con poco más que los Dark Souls como punto de comparación y logró diferenciarse lo suficiente. Hoy, el mercado está repleto de juegos que replican y transforman la fórmula de From Software, incluso con una entrega del propio equipo Hidetaka Miyazaki también ambientada en el mismo periodo japonés que Nioh con Sekiro: Shadows Die Twice.

La desarrolladora de Ninja Gaiden tenía mucho más que demostrar con este regreso a Japón… y no decepcionan.

Nioh 2 es una más de las secuelas modernas con nomenclatura confusa. Como Red Dead Redemption 2, esta secuela es en realidad es una precuela y se desarrolla unos años antes que Nioh a finales del siglo XVI. Nos encontramos pleno periodo Sengoku en Japón y el destino de la nación está en juego –tal vez mucho más de lo que lo estaba en Nioh–. Esta vez no somos uno de los varios importantes personajes históricos de la época, sino alguien que termina envuelto en los grandes hechos del momento casi por casualidad.

Aunque claro que somos especiales: un híbrido entre humano y oni (demonio) con un par de hilos de destino tipo “el elegido reticente”. Lo bueno es que podemos crear nuestro personaje en un creador robusto. Y si no nos convence nuestra apariencia, siempre podemos editarla luego.

Satisfechos con nuestra creación –o eligiendo las opciones predeterminadas para no demorar– empezamos nuestra aventura en un Japón inestable y repleto de horribles demonios (yokai). Casi de inmediato nos topamos con quien será Toyotomi Hideyoshi y por medio de él nos unimos a los esfuerzos de Oda Nobunaga por unificar Japón durante el Sengoku Jidai. Estar entre las huestes del clan Oda nos lleva a conocer toda suerte de personajes históricos y legendarios del Japón de la época (como Tokugama Ieyasu, shogun del primer juego) mientras intentamos encontrar nuestro lugar y rol en todo el caos.

Como en Red Dead Redemption 2, la historia de Nioh 2 conectan con los eventos del primero, aunque de un par de formas inesperadas que hacen parte del drama final del juego. Lo cierto es que tenemos la oportunidad de interactuar con versión más jóvenes de personajes de Nioh. Pero la secuela nos brinda un mayor trasfondo del mundo de los yokai y de la amrita (piedras mágicas) que conecta con la historia de nuestro personaje que hace de puente entre dos mundos.

La mayoría de la historia se desarrolla en cinemáticas antes y después de cada misión principal. Estas bien pueden ser renders de personajes en el motor del juego o (en el caso de los flashbacks) viñetas animadas en un estilo que recuerda a la impresión xilográfica japonesa (pensar: pintura del tsunami).

Es una historia sobre héroes y corrupción en un contexto épico. Con magia y monstruos para más momentos épicos y drama.

Francamente, encontré que la historia es un buen abrebocas para enterarse de parte de lo que estaba sucediendo en un periodo muchas veces romantizado del Japón medieval. Me recordó algo a la experiencia que muchas veces se puede tener con un Asssassin’s Creed aunque los elementos fantásticos abundan más y hay más licencias poéticas.

En mis ojos la historia está en un segundo plano: me interesa, pero busco el juego más por su reto mecánico. Sin embargo, Nioh 2 nos da suficiente tiempo para realmente conocer y ver cómo se desarrollan un par de grandes personajes de la historia de Japón, cosa que no ocurría en el primero.

Esto me tomó por sorpresa, en especial porque nuestro personaje es el típico héroe silencioso y la verdad no aporta mucho a la narración. Pero esto les da espacio a las figuras históricas de ser más que solo paisaje y contexto. Especialmente me llamó la atención lo que hizo Team Ninja con Toyotomi Hideyoshi, tal vez la figura histórica más interesante de la época: astuto, político, paciente, pero presentado como un completo idiota al inicio. Ver una versión fantástica de su ascenso de mercader desconocido a importante miembro del proyecto de Oda Nobunaga y (spoiler histórico) eventual shogun de Japón es fascinante.

Además, hay unos plot twist buenos como para enredar las cosas.

La historia de Nioh todavía me parece un poco más clara y directa, y el personaje de William Adams me llama más la atención que un avatar vacío –históricamente es interesantísimo, aunque el juego esté muy del lado de la narrativa otras historias algo incómodas como Last Samurai, Last of the Mohicans, Dances with the Wolves, Avatar–. Sin embargo, la historia de Nioh 2 me parece mucho mejor contada, englobante e impactante, con momentos de levedad y drama y más oportunidad para conocer a sus protagonistas. Muchas veces es como ver un anime 3D. ¿Sengoku Basara?

En términos globales el juego no ha cambiado tanto. Las bases de From Software están todas aquí con sus pequeñas modificaciones. Los más distinto es la disposición del mundo y elementos del sistema de progreso.

Como en Nioh, aquí no estamos en un mundo de porciones interconectadas, sino que vamos saltando de escenario a escenario, cada uno su mundillo doblado alrededor de sí mismo. Accedemos a los niveles desde un mapa que corresponde a una región y un periodo histórico, así que no hay necesidad de teletransportarse nunca. Esto genera una experiencia un poco más “cerrada”: cuando completamos un nivel, lo completamos.

El sistema de progreso también es esencialmente distinto, pese a que subir de nivel sigue siendo la misma tenebrosa decisión entre un montón de números que afectan otros números. Pero, también vamos ganando puntos de habilidad como resultado del combate que podemos invertir en ganar habilidades (ninjutsu, magia) y otras bonificaciones a nuestro personaje, agregando una capa de complejidad más. La forma cómo están dispuestas las matrices de progreso del juego me recuerda al sistema de matriz de esferas de Final Fantasy X.

Pero es en el combate puro y duro es donde Nioh 2 realmente brilla. Brilla tanto que describir cómo funciona es lo que más me está tomando tiempo escribir.

Lo que funcionó en Nioh lo han pulido y refinado para establecer uno de los sistemas de combate más robustos en mi memoria reciente. Como la serie Souls, es un juego sobre el manejo del ki (estamina/energía), pues es el recurso que nos permite realizar ataques, esquivar y bloquear –reglas que aplican igual para nuestros enemigos–. Sin embargo, nosotros tenemos una ventaja: después de atacar podemos realizar un pulso de ki (que recuerda al minijuego de cargas armas en Gears of War) y recuperar una porción del ki que invertimos en atacar. Incluso, si avanzamos lo suficiente podemos recuperar más ki del que gastamos.

Lentamente el juego introduce más formas de recuperar ki, pero el núcleo nunca cambia: atacar, pulso, atacar, esquivar, atacar, pulso. Así, todos los combates son un intenso baile en el que tenemos que balancear nuestra agresividad con cuidar nuestro ki para defendernos mientras nos fijamos en los recursos del enemigo.

Realizar pulsos de ki también es vital además para lidiar con los yokai, que pueden generar zonas que impiden la recuperación de ki. Los pulsos son la única forma de disiparlas.

Sin embargo, un agravante de estas zonas son espacios en el mundo que están corrompidos por el mundo yokai. Es como entrar en una versión en blanco y negro de secciones del nivel. Aquí los yokai son más poderosos –incluidos ciertos aspectos de nosotros por ser medio-yokai– pero nuestra recuperación de ki se afecta gravemente, volviendo las zonas espacios de alto riesgo/recompensa.

Complementario a este sistema de combate está la variedad de armas y el sistema de poses. Las armas nos dan un punto de partida inicial, cada una con sus ventajas y desventajas y acoplándose a uno u otro estilo. Yo opté por la tradicional katana como arma principal y lanza como arma secundaria, pero la guja (es como un arma tipo Bloodborne, que se transforma; switchglaive) y la tonfa (palabra cool para bolillos akimbo) fueron mis respaldos.

Pero sin importar el arma que elijamos, tenemos acceso a tres poses: baja (rápido: débil), media (normal) y alta (lento: fuerte). Esto permite que cada arma ofrezca una capa más de variedad en el combate y que naveguemos distintos escenarios de combate sin pensar en cuál arma es la más indicada. Todas ofrecen posibilidades y el juego siempre no está invitando a que repensemos nuestras estrategias y cambiemos de una pose a otra para aprovechar los beneficios de cada una.

Claro que algunas armas son mejores para ciertos escenarios (la lanza es excelente para mantener la distancia, la tonfa es mejor para estar pegado a los enemigos), las tres poses permiten que cada una tenga suficiente flexibilidad que no nos arrepintamos de nuestra selección. Esto es importante porque cada arma tiene una matriz de progreso en la que solo podemos avanzar ganando puntos al utilizar el arma. Así que el juego igual nos obliga un poco a la especialización. Además, si nos enfocamos en X arma, también nos vamos a enfocar en X estadística al subir de nivel.

Yo intenté hacer uso de todas las armas en distintas ocasiones, pero mi espíritu min-maxer sufría cuando no estaba optimizando mi daño según mis estadísticas –así que todos los jefes los despaché más o menos con la misma combinación–. También cambié mis estadísticas (respect) un par de veces para probar más variantes, pero terminé volviendo a lo familiar porque ya igual había acumulado más puntos y desbloqueado más habilidades y bonificaciones útiles en lo que me gustaba.

En Nioh 2 no regresa la mecánica con la que el espíritu guardián posee las armas, sino que ahora nos posee a nosotros si tenemos nuestra barra de anima (magia) completamente llena. Esto nos permite transformarnos en uno de tres yokai (cada uno muy al estilo de las tres poses) y lo podemos hacer para sacarnos de apuros o tomar ventaja en el combate, especialmente contra jefes o yokai particularmente poderosos. Sin embargo, el juego tiene otra mecánica que a mí me pareció más útil: ataques yokai.

Además del loot normal –dinero, amrita, armas, consumibles– los enemigos pueden dejar atrás un núcleo o corazón. Estos corazones los podemos equipar a nuestro espíritu guardián (máximo 2) y ganamos el ataque insignia del enemigo correspondiente. Cada uno de estos ataques cuesta anima y hay varios que son increíblemente útiles, mucho más que la transformación –en mi opinión–. Además de efectos secundarios, estos ataques causan mucho daño al ki de los enemigos y reducen el ki máximo al que pueden acceder temporalmente. Mis preferidos son los que tienen altos chances de envenenar, paralizar o incendiar a los enemigos. Muchos de mis combates contra jefes giraron en torno a encontrar los mejores momentos para usar estos ataques.

Hay, sin embargo, armas que están pre-poseidas por yokai y que de vez en cuando nos hablan u opinan corto sobre lo que estamos matando. Es un toque entretenido.

En materia de jefes, Nioh 2 tiene un buen balance entre monstruos y enemigos humanos. A mí me viene mejor pelear con monstruos, pero diría que el reto entre los distintos tipos de enemigos es muy similar, aunque los monstruos telegrafean sus ataques más. Esto me parece clave porque todos los jefes tienen dos “modos”: uno normal y uno “yokai”. En el modo yokai la arena se vuelva toda espacio yokai blanco y negro, nuestro ki se recupera más lentamente y los jefes son más rápidos y hacen más daño.

Es terrible. Aunque también si nos transformamos nosotros hacemos más daño. Pero sin duda le inyecta adrenalina al combate, pues nos obliga a cambiar de estrategias.

Un detalle curioso de varias batallas con monstruos es que Team Ninja incluye en las arenas trampas en las que los podemos hacer caer para generarles daño en el ki. Sin embargo, enfocarse mucho en estos puzles de nivel no vale mucho la pena pues no son trampas que cambien drásticamente el rumbo del combate.

Más allá del combate, el juego tiene varios sistemas de personalización y detalles que controlamos desde la pantalla de selección de misiones. Es un poco como si hubieran pensado en todo –hasta en decorar una casa con sets de té–. Pero estos son simplemente más elementos en un juego que ya con su combate la saca del estadio.

Nioh 2 es un excelente juego. Hay mucho más de lo que podría hablar por párrafos y párrafos, pero creo que no publicaríamos un texto tan largo. Si lo tuyo son los juegos tipo Dark Souls, las reacciones rápidas y lo japonés, aquí hay un excelente contrincante a desbancar Sekiro: Shadows Die Twice como mejor souls-like ambientado en Japón. Buena historia, excelente combate y gatos redondos que te ayudan a pelear: ¿qué mejor?

Reseña hecha con una copia de Tokyo Mirage Sessions #FE Encore para Nintendo Switch provista por Nintendo Latinoamérica.

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