No Straight Roads

No Straight Roads es un título muy bueno, donde en algunos casos la caída de frames puede dañar la experiencia temporalmente

Plataformas: PS4 (Reseñado)/PC/Nintendo Switch/Xbox One
Desarrollador: Metronomik/Sold Out
Publishers: 505 Games
Lanzamiento: Agosto 25/2020
Género: Los mesías Rock

Carole & Tuesday es un anime que, centrado en la historia de sus protagonistas, presenta una trama que inicialmente va sobre dos chicas que solo quieren conquistar los corazones de la gente con su música, pero que rápidamente empieza a involucrar temas más globales tanto para la industria del entretenimiento como para la política.

Se explora el conflicto que hay entre la música compuesta con sentido -así suene un tanto romántico- con la música comercial y la forma en que las corporaciones influyen sobre los consumidores, y cómo a la vez eso es un instrumento de control sobre la población en términos de gustos, identidad y creencias.

Es relevante mencionarlo porque No Straight Roads tiene unas bases similares en las que no se busca justificar qué género es “mejor”, sino presentar cómo la misma industria se encarga de bastardizar los principios de los artistas al estandarizar los métodos de creación y cómo esto afecta a los artistas independientes.

Dicho esto, No Straight Roads presenta la historia de Mayday y Zeke, dos músicos independientes formados ‘a la vieja escuela’ que quieren hacer resurgir el rock en Vinyl City, una ciudad controlada por una megacorporación llamada NSR que no solo tiene el control sobre los géneros populares en la población, sino que también domina las plantas energéticas que dan luz a todo el territorio.

Tras una brutal mega-presentación en un reality show tipo ‘The Voice’, Mayday y Zeke son tachados como criminales por la CEO de la NSR, una mujer altiva llamada Tatiana que considera que el rock está muerto y que deliberadamente favorece a los artistas más populares patrocinados por su corporación.

Como “castigo” por su insolencia, la NSR corta la energía de toda la ciudad salvo la de los distritos dominados por sus músicos, por lo que Mayday y Zeke, con su banda Bunk Bed Junction, ahora tienen que combatir a estos influyentes artistas para devolver la energía a todo Vinyl City, y de paso demostrar que el rock no está muerto.

Es una premisa sencilla, y aunque pareciera que se queda en la postura de defender el rock por ser rock, lo cierto es que con el tiempo se profundiza en qué, evidentemente, no hay un género mejor que otro, sino malas prácticas en torno a los mismos. De hecho, es ahí donde también radica el encanto de No Straight Roads, ya que la forma en la que retrata los géneros populares, son un reflejo de lo que realmente quieren vender.

No por nada, la ‘boyband’ 1010 está compuesta por cinco robots que están programados para ser encantadores con el público femenino, mientras que Sayu -una suerte de Hatsune Miku- domina el mercado de los frikis con un falso carisma kawai producto de un estudio de mercado que se basa en la mercancía. Incluso se aborda el género clásico desde la perspectiva del ‘músico prodigo’ a través de Yinu, una pianista de 9 años que es manipulada como un títere por su propia madre.

El ingenio y la forma en que se desarrolla la historia no solo es interesante por lo visualmente atractivo que es a nivel de dirección de arte, sino porque al final el mensaje es coherente, y es que una revolución del rock donde lo único que predomine sea el rock, es también una tiranía, y No Straight Roads es MUY consciente de ello… pero más allá de esto ya sería entrar en terreno de los spoilers.

En su apartado mecánico, No Straight Roads es un “hibrido” entre hack n’ slash con juego de ritmo, en la medida que tenemos un set de ataques físicos y a distancia con los que debemos abatir diversos enemigos, pero con el ‘twist’ de que, si lo hacemos en el beat de la melodía de fondo, haremos una GRAN cantidad de daño a tal punto que ciertos oponentes pueden ser derrotados de un solo golpe, excepto por los jefes finales.

Habiendo aclarado esto, es relevante mencionar que los protagonistas ofrecen distintos estilos de combate. Mayday rockea con una guitarra eléctrica que usa como arma, siendo el músculo de la banda con ataques extremadamente poderosos pero que no puede encadenar, mientras que Zeke, con sus baquetas y una misteriosa batería de energía, es el ágil y con el que es más fácil realizar combos de múltiples golpes de baja potencia, pero con un remate poderoso.

En sí, la idea en No Straight Roads es avanzar de distrito en distrito hasta llegar a Tatina, donde cada uno cambia de temática y ambientación, pero preserva el mismo objetivo: derrotar al jefe final para aumentar nuestra cantidad de seguidores.

Los fans son básicamente una de las dos monedas del juego, ya que entre más fans tenga Bunk Bed Junction, mejores habilidades podremos desbloquear para Mayday y Zeke de forma individual o grupal. Es ideal prestar mucha atención al árbol de habilidad grupal, ya que ahí se desbloquea de primera mano movimientos como el doble salto, un dash aéreo y otro tipo de habilidades útiles tanto para el combate como para la exploración.

Por su parte, los árboles de progreso individual mejoran elementos puntuales para el estilo de combate de cada uno, sea en términos de ataque y defensa, movimientos especiales -asignados a los gatillos- o habilidades pasivas.

La segunda moneda son las baterías. Dado que la NSR restringió la energía a lo largo de la ciudad, habrá máquinas expendedoras, farolas y otro tipo de elementos por todo Vinyl City que requieren de un número de baterías para funcionar. Si podemos hacer que enciendan, nuestra influencia también incrementará y llegarán más fans.

Para ser un juego que se enfoca en el combate, también hay un componente “social”- no conectado a internet- en el que se motiva encontrar NPCs en el curso de la campaña para facilitar nuestro progreso o incrementar el número de fans, como en el caso del locutor de radio pirata en el que después de una lucha importante, podremos tener una corta entrevista en la que Mayday y Zeke pueden incrementar su popularidad al interactuar con los oyentes.

También hay un sistema de mejoras temporales en forma de stickers para la guitarra de Mayday y las baquetas de Zeke. Estas funcionan por un tiempo limitado y luego se “caen”, haciendo que sea posible cambiarlas por nuevos adhesivos con mayor efectividad.

Un gran punto a favor para No Straight Roads es que la campaña se puede jugar tanto en modo solitario como en cooperativo sin ningún tipo de restricción, y en el caso de estar solo, se puede cambiar de personaje en cualquier momento con tan solo presionar un botón, lo cual  hace más sencillo adaptarse a los combates y permite recuperar un poco de salud al personaje controlado por la AI.

Pese a todo, y al divertido sistema de golpear en el beat, el combate contra la “carne de cañón” en No Straight Roads no es desafiante y después de un tiempo se siente monótono, especialmente porque no hay una gran variedad de enemigos. Afortunadamente esto no aplica a los jefes finales, los cuales desde el primer nivel se caracterizan por tener un diseño vistoso, así como patrones de movimiento a los que no es fácil adaptarse.

Son encuentros cortos pero muy entretenidos, en los que no solo la música está a punto con el género que representan, sino porque visual y mecánicamente, también hay una apropiación de lo que son dentro de este universo. Por ejemplo, para vencer a la idol virtual, hay que “romper” cuatro cortafuegos para deteriorar su «código base» para borrarla del sistema, incluso si eso implica que, de un momento a otro, entre en una fase berserk.

Gráficamente No Straight Roads es un juego que destaca por su colorido apartado artístico, con toques de comedia que recuerdan a las caricaturas de los noventas mezclado con un estilo ‘muy anime’, incluyendo un humor bastante cínico, TONELADAS de juegos de palabras y un tipo de acción desenfrenada y ‘over the top’ que escasamente tiene sentido, pero es MUY entretenida.

En general se ve MUY bien, pero hay momentos en los que se hacen evidentes texturas poco pulidas en los fondos y uno que otro bajón en la tasa de fps, aunque esto último no es frecuente. Desafortunadamente, un error que si afectó negativamente mi experiencia en la recta final en No Straight Roads, fue un desfase de varios segundos en el lipsync entre las voces y los personajes, así como en la música de fondo, lo cual hizo incomprensible una de las secuencias cinemáticas más importantes en la campaña.

No Straight Roads es un juego bastante memorable pese a sus flacos en términos de combate y desempeño. Mayday y Zeke desbordan carisma y su evolución como personajes es notable, especialmente por la forma en que se complementan y dan peso a sus acciones a lo largo de la campaña. Puede que sea un título de corta duración – unas 6-7 horas-, pero es sin duda contundente en su mensaje, con una banda sonora impecable y un punch line que difícilmente se lo sacaran de la cabeza: ¡Bunka! ¡Junka! ¡Shakalaka BAM!

Reseña hecha con una copia de No Straight Roads para PlayStation 4 provista por 505 Games.

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