Paper Mario: The Origami King

Plataformas: Nintendo Switch (Reseñado)
Desarrollador: Nintendo
Publishers: Nintendo
Lanzamiento: Julio 17/2020
Género: RPG de papel

La saga Paper Mario ha estado presente en la mayoría de los sistemas de ‘La gran N’, viendo su origen en la Nintendo 64 en el año 2.000, y que ha saltado de generación en generación hasta llegar hoy día a la Nintendo Switch con The Origami King, una entrega que, si bien brilla a nivel técnico, no sale tan bien librada por su excesiva repetitividad.

Paper Mario: The Origami King comienza con una premisa sencilla, ya que la princesa Peach ha invitado tanto a Mario como Luigi al ‘Festival de Origami’ que se celebra en Toad Town. Al llegar nos damos cuenta que tal festival es realmente una masacre disfrazada en pliegues de papel, ya que todos los residentes han sido doblados en piezas de origami como parte del plan maestro del príncipe Olly, una especie de hada arrogante que quiere doblar todo a su imagen y semejanza.

Para ello, no solo envía todos sus secuaces de origami por todo el reino en busca de sobrevivientes, sino que envuelve el castillo de Peach en 6 tiras enormes de papel y lo arranca del piso para llevarlo a la montaña más alta, lugar que ahora sirve como su guarida y centro de comando.

Así pues, la única esperanza del reino es Mario, que con la ayuda de Olivia –hermana de Olly- obtiene los recursos para poder hacerle frente a su ejército de origami. Luigi no tanto, porque aunque tiene un papel recurrente en la historia, se limita a ser ese personaje bien intencionado que pese a sus iniciativa, SIEMPRE es puesto en ridículo por su estupidez.

Sin más, nuestra tarea es evidente: buscar cada tira de papel para liberar el castillo y a la princesa Peach. Claro está, decirlo es más fácil que hacerlo, ya que cada cinta representa un nivel en sí mismo con su propia zona independiente, en la que no solo debemos liberar Toads para que se unan a la “resistencia”, sino superar un templo y una torre.

Para progresar en cada nivel, es necesario adquirir un poder ‘Vellumental’, el cual solo puede ser obtenido al vencer las ‘Criaturas Vellumentales’, que son los respectivos jefes de los templos que encontramos en cada nivel. Acceder a ellos es sencillo, pero requiere de tiempo porque como todo buen RPG, antes de llegar dungeon hay que hacer diversas tareas que muy sencillas, pero llevan bastante tiempo.

Una vez Mario obtiene el poder, es posible acceder a diversas zonas dentro del mapa que antes no estaban habilitadas, pero aún más importante, los poderes ‘Vellumentales’ son escenciales para romper las cintas que cubren el castillo de Peach. Es por eso que para cada cinta debemos subir una torre, la cual a su vez funciona como un segundo templo con todo y jefe final.

Es pocas palabras, por cada zona hay “dos” templos con sus respectivos desafíos de combate y puzles, los cuales escalan en dificultad, aunque no en un grado que pueda ser frustrante.

Desafortunadamente, esa misma estructura de juego hace que The Origami King se sienta repetitivo prácticamente desde su primer templo ya que debemos cumplir la misma tarea una y otra vez para desatar las diversas cintas que cubren el castillo de Peach, lo cual es una lástima porque cada zona es distinta a la anterior, tanto en ambientación como en los enemigos que ofrece, todos sacados del lore en la saga de Mario: Gombas, Boos, Shy Guys, etc.

Parte de la sensación de repetitividad es causa también de su sistema de combate que, aunque es sencillo y fácil de entender, peca de ser TAN elemental que no ofrece desafío alguno salvo por los enfrentamientos con los jefes finales.

En esencia, a Mario lo rodean cuatro anillos que puede rotar o desplazar al inicio del turno basándose en “puntos de acción”. La idea es alinear los enemigos en filas o grupos de a cuatro para atacarlos con las botas o un martillo, respectivamente. De hacerlo, tendremos un bono de ataque, el cual es suficiente para eliminar a las amenazas en un solo turno.

Los enemigos pueden atacar en oleadas, pero es más un recurso que sucede raramente de forma aleatoria y son más los encuentros de este tipo como parte de la campaña. En todo caso, enfrentarlos no es difícil y por lo general no representan un reto en sí mismos, ya que lo difícil en las fases de pelea es alinearlos o agruparlos teniendo en cuenta los limitados movimientos que podemos hacer a los anillos bajo un tiempo límite.

Tanto las botas como los martillos tienen versiones mejoradas en las tiendas del mapa, por lo que es otro componente que facilita aún más el combate. Estas se desgastan con el tiempo hasta romperse, pero con el tiempo se encontrarán de materiales más resistentes que durarán más tiempo en combate.

Además, son tan fáciles de conseguir que en el inventario nunca harán falta, especialmente con lo laxo que es The Origami King con el dinero, ya que se puede obtener monedas tanto en combate o a lo largo de la exploración.

Por su parte, los jefes si son un desafío ya que cambian la forma en que debemos usar los anillos. Ellos estarán en la mitad, y las casillas que podemos mover en los anillos tendrán elementos como flechas, bonos de ataque, cofres y demás. La idea es utilizar los puntos de movimiento para armar una ruta hacia el enemigo para poderlo atacar –o hacer una acción especial con los poderes Vellumentales- y hacer caer sus puntos de vida a cero.

El twist con estos jefes, es que no son estúpidos y no esperan pacientemente el golpe de Mario, sino que tienen ataques y acciones adicionales que hacen que la pelea sea más desafiante. Pueden inhabilitar casillas para que no las podamos usar, restringir nuestros ataques o ya de plano bloquearlos. Son enfrentamientos interesantes que requieren de más atención, y en ese sentido, con también por lo que brilla cada uno de los templos y torres.

Adicional a lo anterior, el sistema de combate cuenta con dos grandes asistencias. La primera, es que los Toads que hayamos ayudado en el camino servirán como espectadores activos en el combate y podemos pagarles con monedas por ayuda.

De esa forma, bajarán de su tribuna a atacar u ofrecer elementos curativos. La segunda, es que en el curso de la historia encontraremos personajes secundarios que se unirán a la party, los cuales al final de cada turno harán un ataque automático que, dependiendo del enemigo, puede ser más o menos efectivo.

Fuera de estos combates hay otros enemigos de papel maché que no requieren una fase de combate como tal, sino que podemos vencer con el martillo. Normalmente son obstáculos en el mapa y no son mayor cosa.

Fuera de todo lo anterior, y contando las ventajas que hay dentro del combate, también podemos equipar artículos como si fueran gemas, las cuales también tienen un efecto en los enfrentamientos. De esta forma podemos incrementar el tiempo que tenemos para girar los anillos, aumentar nuestra defensa y salud, así como obtener jugosos descuentos a la hora de comprar botas y martillos.

Ahora bien, dado el alto componente de exploración que hay en The Origami King, los niveles no solo están conectados por las clásicas tuberías, sino por un sistema de ‘Fax Travel’ en el que podemos mandar a Mario por fax a otras instalaciones en el mapa, aunque dependiendo de la zona, podemos contar con cómodos vehículos como carritos y hasta un bote.

Explorar no es TAN gratificante como parece, pero si trae sus recompensas en términos de dinero y ayudantes, aunque sería cínico negar lo bien que luce The Origami King.

Como siempre, la apropiación del concepto se vuelve protagonista y da vida a escenarios y situaciones encantadoras a tal nivel que para poder habilitar nuevas rutas dentro del camino podemos romper papel para abrirnos paso. El papel es también el protagonista y por eso es que los mismos jefes son elementos del día a día como una caja de lápices –o colores, como quieran llamarlo- una perforadora, un manojo de cintas elásticas, tijeras o engrapadoras.

No sobra decir que The Origami King es un juego largo. No tan extenso como otros RPG en el mercado –como las 172 horas de Persona 5: Royal-, pero si supera las 40-50 horas según cómo tomen el viaje. Con eso en mente, creo que es recomendable jugar este título en modo dock ya que, aunque se ve muy bien en portátil, no solo no es un juego que no se puede jugar en pequeñas dosis, sino que puede llegar a agotar la batería y aquí, como en todo juego del género que se respete, se debe grabar de forma manual.

Paper Mario: The Origami King es un juego con mecánicas solidas e interesantes, y aunque no lo parezca, tiene una historia encantadora y enternecedora, siempre llena de color y un humor ‘in your face’ repleto de juegos de palabras y, tristemente, burlas a Luigi. Desafortunadamente, por mucho carisma que desborde, es tan repetitivo que para cuando se llega al jefe o al punto crucial de la historia, ya se está tan agotado que seguramente pueda afectar la experiencia –personalmente me afectó a tal punto que generó estrés-.

Reseña hecha con una copia de Paper Mario: The Origami King para Nintendo Switch provista por Nintendo.

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