Just Cause 4

Una nueva aventura lleva a Rico Rodriguez a Suramérica. A pesar de cometer los mismos errores, Just Cause 4 hace que se sienta entretenido destruir todo.

Plataformas: PC/PS4 (Reseñado)/Xbox One
Desarrollador: Avalanche Studios
Publishers: Square Enix
Lanzamiento: Diciembre 3/2018
Género: Orgía de caos y destrucción

Just Cause es una franquicia que ha sabido evolucionar con el tiempo. El primer título no ha envejecido muy bien, pero la segunda y tercera entrega siguen siendo un punto alto en la saga para los fans de esta IP, especialmente este último y la forma en la que expandió las mecánicas de combate y destrucción tanto en el juego base como en sus DLCs.

La llegada de la cuarta entrega suponía un gran reto para Avalanche Studios, y aunque han cumplido en parte con “la tarea”, también han decepcionado al entregar un título que más bien se siente como un deja vú.

Just Cause 4 es una secuela directa de la tercera entrega, donde se presenta la nueva aventura de Rico Rodriguez, quien ha llegado a la región de Solís, también ubicada en alguna parte de Latinoamérica, con la misión de detener a Oscar Espinosa, un ejecutivo corrupto que con la protección de la organización Black Hand ha logrado desarrollar una tecnología para controlar el clima y así decimar a los habitantes de este lugar.

Es una premisa simple que no evoluciona con el tiempo, y en la que la mayoría de los personajes son estereotipos que, si bien interactúan bastante con el protagonista, poco aportan al desarrollo de la historia.

Y la verdad, esperar que un Just Cause tenga una historia sólida es como pedirle peras al olmo. Es un apartado que cumple con lo básico: tener un inicio, un nudo y un final; pero que no define un arco argumental para sus personajes así haya conflictos que bien podrían ser aprovechados: como el asesinato del padre de Rico y la relación que tenía con este.

En ese sentido, Just Cause 4 es más de lo mismo.  Se conforma con tener un “conflicto” que mueva la trama en la que el villano apenas tiene un papel, pero en el que la motivación es la misma: derrotarlo causando desmadre.

Aquí es realmente donde brilla Just Cause 4 pese a sus puntos flacos, y es que siempre es divertido tener tanta libertad para poder enfrentarse a los enemigos. Al igual que con Just Cause 3, este título es algo así como un laboratorio en el que cada jugador puede experimentar qué hacer y cómo, sin embargo, hay un par de elementos en el sistema de progreso que resultan molestos durante la aventura.

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Empecemos por lo básico. Nuevamente tenemos que formar una resistencia que se oponga al villano de turno. Para ello, debemos ir visitando ciertas zonas que están bajo el control de Black Hand, influencia que debemos eliminar al atacar una base, cumplir unos objetivos y posteriormente liberarla al enviar tropas que ocupen en lugar.

Es un sistema funcional en la medida que sirve para lo que fue hecho: hacer que el jugador libere cada locación para acceder a las misiones principales, en caso que haya una, y secundarias, que llevan al jugador a cumplir retos de velocidad en vehículos, destrucción de objetivos y demás con el fin de potenciar sus habilidades.

El problema con este sistema es que las misiones para libera una zona son repetitivas y en su mayoría consiste de ir del punto A al B a hackear/proteger/destruir un objetivo para luego ir de vuelta. No son en extremo complejas, y gracias al caos que se puede generar pueden resultar divertidas de vez en cuando, pero en general no son actividades que llamen la atención. Además, al igual que en Just Cause 3, las recompensas por liberar una región no son del todo satisfactorias.

Por fortuna, las misiones principales cumplen con lo que se esperaba del título y en su mayoría presentan situaciones exageradas en las que predomina la acción y en la que se incentiva el uso de distintas armas para progresar por el escenario; eso si no son misiones a bordo de un vehículo de destrucción masiva. En su mayoría son divertidas y pese a la falta de desarrollo narrativo dejan una buena impresión. Sin embargo, una cosa no quita la otra y para el final del juego dejará un sabor agridulce.

Una de las grandes novedades de este título es que el gancho se puede personalizar. A disposición tendremos tres loadouts para esta herramienta con varios espacios en blanco, los cuales podemos llenar para que el gancho se comporte de distintas formas. Podemos programar la fuerza con la que atrae las cosas, que sirva como un fulton a lo Phantom Pain o que uno de los extremos tenga un cohete propulsor.

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Son diversos los ajustes los que podemos hacer al gancho, y en gran medida es fácil obtener nuevas mejoras para el mismo. Lo único que tenemos que hacer es estar pendiente de las misiones secundarias para ir cumpliendo retos y así acumular la experiencia necesaria para desbloquear un nuevo perk para cada uno de los loadouts disponibles.

No es una tarea compleja, pero al igual que las misiones para liberar los distritos, son muy repetitivas. No obstante, lo positivo de estas actividades complementarias es que no requieren ser iniciadas como una misión formal, sino que son actividades que están integradas al mapa del juego. Si vemos un reto de velocidad en la carretera, lo podemos cumplir sin necesidad de parar e iniciarla como debía hacerse en Just Cause 3.

Desafortunadamente, Just Cause 4 se siente extrañamente anticuado. Es un juego que cumple en unos aspectos y reitero mi opinión sobre lo divertido que es generar caos en el mapa con las distintas herramientas disponibles, pero no lo siento como un apartado que pueda sostener todo un juego completo. Al menos no en esta entrega.

Quizá fue el sistema de progreso, la historia o la mezcla de ambos apartados, pero se siente como si este título en vez de ser más que el Just Cause 3, fuera menos. Y eso son palabras mayores teniendo en cuenta que la región de Solís es mucho más diversa que Medicci, incluyendo un gran desierto y una zona nevada.

Otro elemento que no quita ni pone es el del control del clima. Como parte de la historia se nos cuenta que Oscar (no nuestro jefe) tiene la tecnología para controlar el estado del tiempo, por lo que puede provocar huracanes, tormentas de arena y fuertes ventiscas con nieve, las cuales no solo afectan a los habitantes de Solís, sino que también protegen sus bases.

En efecto, funcionan como obstáculo y se ven bien, pero una vez esa tecnología pasa a nuestras manos no tiene aplicabilidad alguna. Especialmente porque liberar distritos se vuelve como acumular lunas en Mario Odyssey, y después de liberarlos no hay mayor oposición por parte de Black Hand. Son nuestros y se quedan así sin importar la situación.

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También hay que anotar que el desempeño en la PlayStation 4 estándar es irregular. Muchas explosiones en un instante pueden causar caídas de frames bastante notables y visualmente hay momentos en los que el juego no se ve bien, especialmente en cinemáticas. Sigue siendo frustrante que después de tanto tiempo sigan fallando elementos como las físicas de los choques en vehículos, lo cual también se extiende a su manejo, aunque eso también depende del tipo del vehículo y su peso.

Just Cause 4 es una secuela aceptable. No debería ser así, más teniendo en cuenta el cambio notable entre las pasadas entregas. Es un juego justo que expande un poco el universo de Just Cause, pero que tampoco hace mucho para traer algo nuevo sobre la mesa. Como decía al principio, este título es más de lo mismo, solo que esta vez no tiene un suelo que pueda soportar esa expresión en una nota positiva.

Quizá es momento para que la franquicia descanse y encuentre un nuevo aire, especialmente si los indicios de una quinta entrega resultan ser ciertos.

Reseña de Just Cause 4 hecha con una copia del juego para PS4 provista por Square Enix Latam.

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