Nuestros Resident Evil favoritos… y los no tan favoritos

Antes del lanzamiento de Resident Evil 3: Remake, decidimos comentar entre nosotros cuales son nuestros RE favoritos y cual… no lo es tanto.

Los Favoritos de Martin

Resident Evil 2 & RE2: Remake

Mi primera experiencia con Resident Evil fue traumática. Todavía no tenía edad para discernir juego de realidad y controlar a Leon Kennedy por los primeros minutos de RE2 no fue placentero. Tan marcado me dejó que evité los juegos de terror por largo rato.

Sin embargo, jugar Resident Evil 4 años más tarde me dio coraje suficiente para enfrentar mis miedos y darle una oportunidad a RE2 –y me encantó–. Ya había jugado el remaster de RE1 para Game Cube, pero más allá de verse mejor, es el dos donde la fórmula del juego me parece funciona mejor.

La claustrofobia de los ambientes, la necesidad de planear mis recorridos con cautela desde los puntos de salvado, los ridículos puzles para avanzar: el juego me vendió la idea del horror-supervivencia. Y aunque el combate fuera bastante torpe –bastante–, la sensación de impotencia solo potencializa el ambiente del juego. Aunque como es usual en estos juegos, la tercera mitad suele perder parte del encanto de nuestra propia vulnerabilidad. Sin embargo, la introducción del Tyrant justo cuando empezamos a sentirnos relativamente “cómodos” con la experiencia es un momento genial en el diseño de ese juego para aterrizarnos otra vez en el horror. 

RE2 también me parece cuenta una mejor historia que su antecesor, pese a la falta de sánduches.

Y ni hablar del reciente remake. Es una mejora extraordinaria a lo que ya era un gran juego. EXCEPTO por la parte del orfanato. Es muy meh. Y la verdad es que el segundo recorrido (historia B) es una promesa sin cumplir. Pero, detalles, pequeñeces.

Resident Evil 7

Aunque le había perdido algo de fe a la franquicia después de que la convirtieran en un sueño lúcido de Michael Bay, el violento cambio a primera persona me enganchó. Era una oportunidad para volver al horror que se perdió con RE4.  También me llamó la atención la idea de que este retorno a forma de la franquicia evitara el uso de zombis –enemigos tan comunes ahora como lo fueron los Nazi en un momento–.

RE7 volvió a darle al clavo. Después de años de ridículas fantasías de poder contra zombis y monstruos cada vez más ridículos, esta extraña novena entrega reanimaba una verdadera sensación de impotencia y vulnerabilidad: las claves del horror –al menos para mí–. Además, este juego nos acercaba al horror con su perspectiva. Donde los RE (buenos) anteriores se enfocaban en ambientes opresivos y ángulos de cámara milimétricamente planeados, RE7 aprovecha las nuevas capacidades gráficas de la octava generación de consolas para darnos un horror anclado en un realismo asqueroso. Es genial.

Parte de la genialidad del juego también fue cómo conectó con el popurrí enredado que es la historia de RE. Aunque la verdad es que el monstruo gigante del final –completamente esperado– no es la batalla más interesante del juego: falta de tensión.

NO TAN FAVORITOS:

Resident Evil 4

Vamos, Resident Evil 4 claro que no es un mal juego. Sin duda RE5 y RE6 se llevan el la plata y el oro respectivamente de los juegos más mediocres (o malos) de la saga y hablar mal de ellos sería repetir. Pero Resident Evil 4 se lleva la medalla de bronce sin problema. Al menos para mí.

La razón principal es que soy un enfermo de los juegos de horror: quiero sentirme atrapado, impotente, vulnerable, que la muerte esté a una mala decisión, y RE4 es un juego que –como Dead Space pese a ser igual excelente– muy rápidamente se convierte en una fantasía de poder. La transformación de horror-supervivencia a acción-horror nos dio mejores controles de los torpes movimientos de RE1-3, pero sacrificando lo que siempre separó a RE de otros juegos: la maestría en el control del ambiente y la atmosfera.

Insisto, no un mal juego, pero en retrospectiva: un paso adelante para la industria, uno atrás para Capcom.

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