Where the Water Tastes Like Wine

El título de Dim Bulb Games nos lleva a un mundo donde las historias son parte vital del mundo… y por qué no una moneda para conseguir favores.

Plataformas: PC (Reseñado)
Desarrollador: Serenity Forge/Dim Bulb Games
Publishers: Good Sheperd Entertainment
Lanzamiento: Febrero 28/2018
Género: Aventura

Cuando era pequeño me gustaba sentarme a escuchar las historias de mi bisabuela. A sus 80 y tantos años, antes que muriera, me relataba historias de terror sobre espíritus, brujas y fantasmas que ella había presenciado. ‘El Butucón’ (una suerte de coco que se manifestaba si uno silbaba y solo se podía espantar con plata y tijeras), ‘El Mediopollo’ y la bruja con patas de gallina eran algunas de mis historias favoritas cuando yo era aún un niño.

Lo que más me gustaba de escuchar esas historias, era la forma en como la familia se reunía alrededor de ella para escuchar estos relatos y como poco a poco se enriquecían con sus propias vivencias y se llegaban a nuevas historias igual de interesantes. Mi mamá jura que ‘El Butucón’ se le manifestó y mi abuela, fuera de relatar con lujo de detalle los eventos del 9 de abril, nos contaba como tuvo que espantar una bruja que la acechaba en la hacienda donde vivía cuando estaba en sus 30.

Eran tiempo diferentes. Y fueran reales o no sus historias, a mí me gustaba mucho escucharlas… hasta que la tradición se perdió con el tiempo.

Les cuento esto porque Where the Water Tastes Like Wine es un juego que me llevó de vuelta a esa época. Me hizo recordar historias curiosas que solo pueden escucharse en el campo lejos de las distracciones de la ciudad (y que no necesariamente son asesinatos y atracos). Me hizo pensar en las emociones que se transmiten cuando uno está relatando algo.

Where the Water Tastes Like Wine es el primer título del estudio independiente Dim Bulb Games en el que participan algunos de los escritores más conocidos en la industria del videojuego, tal como Austin Walker (Waypoint), Cara Ellison (diseñadora de narración) y Leigh Alexander (crítico), en el que debemos viajar de la costa este a la costa oeste de los Estados Unidos recolectando y relatando historias. Así de simple.

Nuestra aventura comienza luego de una partida de Poker que perdemos contra una figura misteriosa con apariencia humana, pero con rostro de lobo, quien exige un pago en forma de historias. Nuestra motivación es esa, pagar con “cuentos”, y la promesa de que estas historias irán cambiando entre más viajemos por Estados Unidos y el efecto que tendrán con otros viajeros.

Las mecánicas que componen Where the Water Tastes Like Wine son sencillas. Cuando exploramos el mapa tenemos una vista general del escenario donde nos podremos mover a gusto en cualquier sentido para visitar los sitios de interés señalados por el juego en dónde hay un punto de interacción, a los cuales podemos llegar caminando, en tren o pidiendo un aventón.

Estos puntos interactivos pueden ser varias cosas. Eventos pequeños que se convierten en una historia (como el ver un sujeto enterrar a su mascota mientras llora, ver unas mujeres en un círculo de oración, etc) o acampadas en las que podemos hablar con un viajero y contarle lo que hemos visto a lo largo de nuestro viaje.

Todas las historias que vayamos recolectando por el escenario están categorizadas según las cartas del tarot y, por ende, a una emoción. Es importante tener en cuenta esto porque esta categorización es clave para las acampadas, que realmente son el núcleo de la experiencia, pues cada campista (o viajero) pide escuchar cierto tipo de historias según su estado de ánimo. Por lo que, si quiere una historia triste, lo mejor es complacerlo, o de lo contrario la conversación con esa persona no avanzará.

En este punto es donde Where the Water Tastes Like Wine deja de ser tan interesante como suena y eso a cuenta de varios problemas en sus mecánicas y el efecto que estas tienen en la forma de relatar las historias a los campistas.

El viajar del punto A al B al C hasta llegar a una acampada le quita el propósito a las pequeñas historias que vemos en el trayecto. Se vuelven un punto de interés que debemos visitar sí o sí pero no por su importancia sino porque esta historia se convierte en un recurso que nos permite avanzar en la historia general del juego. Se acumulan de tal forma que se pueden llegar a considerar como la moneda general del juego o, como yo lo pensé, como Pokémon, pues cada una es eficiente según la situación a la que nos enfrentemos.

En teoría estas historias cambian con el tiempo pues no somos el único viajero que las cuenta. A lo largo del mapa encontraremos otras personas que relatan su versión, pero los cambios a estos relatos son apenas perceptibles. Hay ciertas ocasiones en las que podremos intervenir para desmentir dichos cambios (o irregularidades), pero aun haciéndolo, las historias no crecen. Al menos no como se espera.

Y el problema no para allí. Que los campistas tengan una preferencia por cierto tipo de historias limita lo que podemos hacer con ellas. Claro, a cambio nos cuentan su historia personal (algunas de las cuales son MUY interesantes) pero no por ello deja de ser una labor repetitiva que cansa con rapidez. Además, la forma en que se cuentan las historias no es interesante y elimina por completo la esencia de dichos relatos pues los resume a unas cuantas palabras.

Es desafortunado que el sistema para contar las historias que hemos recolectado sea tan impersonal, ya que despropia de carácter a las mismas y las convierte en meros objetos de intercambio. Están ahí para buscar una reacción y si no es posible complacer al campista, pues no habrá un avance significativo en la historia general del juego.

Fuera de lo anterior, Where the Water Tastes Like Wine es un juego competente en el apartado sonoro y gráfico. No destaca mucho, pero cuando lo hace lo hace con estilo. El ‘overworld’ es plano y poco interesante, pero su estética remite a un mapa de los Estados Unidos, señalando con convenciones los puntos de interés, ciudades y NPC, donde también se marca el trayecto que hemos tenido desde el inicio del viaje.

Es bastante simple y, como dije, no llama la atención. De hecho, ver los tráilers da una impresión diferente sobre como se explora el juego, sin embargo, donde realmente brilla el apartado gráfico es en su arte, pues las ilustraciones que acompañan los relatos y las conversaciones con los campistas son increíbles y refuerzan la emoción que se quiere evocar en ese momento con ese personaje en particular.

Claro está, las ilustraciones no tendrían el mismo efecto si no fuera por el apartado sonoro y es que la música juega un papel muy importante a lo largo de todo el juego. No solo porque al caminar haya una tonada, que bien puede ser enérgica o melancólica, que nos acompaña constantemente, sino porque dentro de las conversaciones esta se acopla a la situación.

Eso sí, eso no la hace exenta de ser repetitiva, especialmente durante la exploración del ‘overworld’, pues es fácil escuchar que por zonas se repite la misma canción una y otra vez, pero interpretada en una forma distinta por un cantante distinto. Sin embargo, aquí vale la pena hacer un señalamiento importante, pues también hay que dar crédito a Sting (The Police), ya que su voz es la voz del narrador omnipresente que acompaña toda nuestra aventura.

Pero que esta crítica no los espante. Where the Water Tastes Like Wine es, a pesar de lo mencionado, un título lleno de personajes intrigantes e historias que vale la pena conocer. Claro, es un título que tropieza y falla en cumplir algunas de las promesas que hace… pero el viaje en sí deja algunos momentos memorables y hace un gran esfuerzo por capturar nuestra atención. Lo único a tener en cuenta es que a pesar de su presentación esta NO es una novela interactiva. En unos aspectos es más abierto, como en la exploración, pero en otros más limitado.

Juego reseñado con una copia de Where the Water Tastes Like Wine brindada por Good Sheperd Entertainment.

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