Dying Light 2: Stay Human

Dying Light 2 es un juego que mejora varios aspectos del original, pero algunas mecánicas hacen más tediosa la exploración que antes.

Plataformas: PS5 (Reseñado)/PC/PS4/Nintendo Switch/Xbox One/Xbox Series S|X
Desarrollador: Techland
Publishers: Techland
Lanzamiento: Enero 18/2022
Género: Arrasando con todo

Historias con zombies hay muchas y son múltiples las franquicias conocidas hoy día por tener estas criaturas en sus mundos. Sea con una aproximación hacia el terror como los Resident Evil clásicos (y al menos los más recientes), con inclinación hacia la acción como Left 4 Dead, o toques de aventura RPG como Dead Island, los no muertos han estado presentes siempre, e incluso han sido reinterpretados en su origen, como sucedió en The Last of Us.

Cuando salió el primer Dying Light su fórmula tomó gran relevancia porque si bien hablamos de zombies a secas, a eso se le añadió el particular atractivo del ‘Parkour’. Pueda que esté título haya sido algo irregular en términos narrativos, pero si hubo algo que logró, fue trasladar ese gameplay antes “exclusivo” de los Assassin’s Creed y Dishonored (entre otros) a un mundo plagado de no muertos en lo que prima es la supervivencia.

Es por eso que el anuncio de Dying Light 2 captó tanto la atención, al menos de los fans, ya que existía la promesa de un juego más refinado en todos sus aspectos. Aunque parecía que este título jamás fuera a salir por sus múltiples cambios en su fecha de lanzamiento, al final llegó el momento de juzgarlo y, aunque en general es una buena secuela, también pone sobre la mesa unos sistemas que quedan a la sombra de su predecesor.

Dying Light 2 toma lugar años después del primer juego. De Harran no se sabe mucho salvo lo que sucedió allí con el brote de los infectados y de Kyle Crane solo hay rumores, aunque como espectadores sabemos que el está ‘no muerto’, ya que tras los los eventos de The Following finalmente sucumbió al virus y se ha convertido en zombie.

Esto permite que controlemos un nuevo personaje llamado Aiden, un peregrino que va de ciudad en ciudad buscando a su hermana perdida Mia, de quien se separó años atrás tras un incidente en una instalación de la GRE (organización que tuvo un rol vital en la historia del primer juego) que experimentaba con niños en busca de una cura a la infección.

Su viaje eventualmente lo lleva a Villedor, la ciudad en la que se desarrolla Dying Light 2, donde aparentemente hay pistas de su hermana, sin embargo, como en toda aventura, nada es tan sencillo como parece.

Villedor está organizada por distritos y segmentada en tres facciones: los Peacekeepers, que son una fuerza policial que busca el orden; los sobrevivientes, que son civiles organizados que exploran en busca de recursos; y los Renegados, de los que se sabe muy poco salvo que son una fuerza hostil en toda la región.

En sí, las más importantes son los Peacekeepers y los Sobrevivientes, ya que determinan la alineación de Aiden como una especie de brújula moral, dado que unos buscan el orden a través de la opresión y los otros una comunidad abierta.

Aquí entra el polémico sistema de decisiones de Dying Light 2, puesto que a lo largo de la campaña tendremos que darle nuestro “favor” a cualquiera de estas facciones y sus objetivos, lo cual, obviamente, tiene un efecto en el desenlace de la historia.

Desafortunadamente el sistema no es tan interesante y se presta para tomar decisiones de “esto bueno o esto malo”, lo que hace evidente el rumbo de la trama y su eventual desenlace. En ese sentido, es el apartado menos cuidado de la campaña en términos narrativos, pero a favor están sus personajes secundarios.

Muy de la forma en que lo lograron con el primer Dying Light, en esta secuela hay un amplio reparto de personajes interesantes con diversas motivaciones. Si bien es cierto que el alineamiento de los bandos es claro (orden o libertad), cada facción está compuesta por personajes altamente entrañables o ya de plano despreciables, haciendo que las trama se sienta más tensa por momentos.

Si hablamos de los personajes toca hablar de Lawan, que es interpretada por Rosario Dawson (Ahsoka en The Mandalorian). En términos generales ella viene a ser lo que fue Jade para Kyle Crane, ya que es un personaje en principio enigmático pero que poco a poco dejar ver sus verdaderos colores, en el buen sentido de la palabra. Más allá de esto no es pertinente profundizar, pero si da gusto que a través de ella se redime un poco lo sucedido con Dying Light y es sin duda un pilar para toda la experiencia.

Ahora bien, en términos de gameplay hay tanto cosas buenas como no tan buenas. Todo lo que gira en torno al combate y el parkour está muy bien logrado. El combate no es tan pausado como sucedía con el Dying Light original y hay mejoras para hacer que este sea más dinámico a la hora de enfrentar más de un oponente. El parry es sin duda la habilidad principal para defenderse, pero da gusto ver que en esta entrega no es tan estático y hay diversos movimientos que agilizan los combates.

En cuanto al parkour, sin duda es uno de los componentes mejor tratados ya que no solo es mucho más dinámico y fluido, sino que cuenta con una gran cantidad de movimientos que facilitan el desplazamiento por todo Villedor, especialmente teniendo en cuenta que ahora se cuenta con un paraglider, con el cual es posible navegar por corrientes de aire siempre y cuando la stamina lo permita (al estilo Breath of the Wild).

Para acceder a estas habilidades hay un sistema bastante familiar al del primer juego, en la medida que entrar en combate y explorar dará puntos de experiencia a su respectivo árbol. Esos puntos se pueden usar para acceder a todo tipo de mejoras, pero para poder hacerlo también hay que mejorar la “condición física” de Aiden, por lo que debemos encontrar unos viales (inhibidores) que aumentan la salud y la resistencia (stamina).

Estos inhibidores se encuentran por todo Villedor, por lo que encontrarlos es una buena excusa para desviarse de la campaña principal si no queremos sentirnos un tanto abrumados por la falta de salud y, especialmente de resistencia, que esencialmente es el indicador más importante para la movilidad y el combate. Si agotamos la stamina quedaremos indefensos, no podremos escalar, usar el paraglider o hacer cualquier actividad física.

Suena más molesto de lo que es, y en momentos críticos de combate si puede generar cierta molestia la falta de stamina, pero en general no es un apartado negativo en la experiencia, como tampoco lo es la duración de las armas, que si bien aún se rompen, tienen una duración más extensa a la del primer juego. Igual, son 100% personalizables, lo que permite que cada quien explore que es lo que mejor conviene dada la situación.

Pese a todo lo anterior, si hay algunas cosas que no sientan bien en la experiencia, más aún si se comparan con el Dying Light original.

Al igual que Kyle Crane, Aiden está infectado desde el principio y la campaña explora las consecuencias de estarlo y por qué tiene cierta “resistencia” al virus zombie. De día podremos jugar normalmente, pero de noche o en sectores oscuros tendremos una cuenta regresiva que indica el tiempo que tenemos antes de sucumbir a la infección.

Ese tiempo se puede incrementar de dos formas, mejorando la stamina o la salud, que aumenta el tiempo permanentemente por unos segundos, o ingiriendo hongos y otro tipo de inhibidores, que recuperan tiempo del contador y retrasan la infección. A causa de ello, explorar zonas oscuras o explorar de noche se vuelve una molestia y distrae de lo esencial, haciendo que sea preferible, por ejemplo, buscar un campamento para pasar la noche, en lugar de aventurarse a obtener jugosas bonificaciones por tomar el riesgo.

Sumado a lo anterior, el sistema de decisiones tiene un efecto directo en cómo percibimos y exploramos la ciudad. Parte de nuestra labor es activar campamentos a lo largo de Villedor, los cuales podemos asignar a los Peacekeepers o los Sobrevivientes. Escoger entre uno u otro es vital, ya que cada facción tiene sus ventajas y debilidades.

Las zonas controladas por los Peacekeepers están llenas de trampas para zombies, por lo que encontraremos los viejos carros explosivos y otro tipo de complicadas estructuras que sirven para dar de baja a los infectados de maneja rápida, sin embargo, todo ello a costa de movilidad. Por su parte, los sobrevivientes llenan sus espacios con rampas, ventiladores para propulsarse con el paraglider, salientes y todo tipo de estructuras para agilizar el desplazamiento de Aiden.

Este sistema se siente algo torpe porque no está del todo balanceado. Harran era interesante porque existía una variedad de entornos con diversas condiciones a las que debíamos adaptarnos, mientras que aquí, las ventajas funciona como un “atajo”. Las trampas de los Peacekeepers previenen justamente enfrentarse a los zombies, mientras que las estructuras de los Sobrevivientes nos llevar por lugares donde no hay, o hay muy pocos. Se siente contraproducente.

Excluyendo lo anterior, Villedor es también una ciudad vistosa, aunque siendo 5 veces más grande que Harran, se siente extraño que no haya vehículos como en The Following, aunque por fortuna existen puntos de viaje rápido, los cuales primero hay que habilitarlos eliminando la presencia de enemigos en la zona.

Para finalizar, el tiempo para acabar este título es relativo. Oficialmente supuestamente son 20 horas para la campaña unicamente, pero a ese dato le faltan detalles. Personalmente me llevó 35 horas y es que, aunque centrado en la historia, hay momentos en los que se requiere un poco de grindeo para no sufrir, sin embargo, que esto también sirva de declaración de lo mucho que hay por hacer.

Dying Light 2 no es un título que se destaque por su cuidado narrativo. De hecho, la historia va por lugares comunes y aunque tiene uno que otro momento memorable, al final se siente predecible, sin embargo, el núcleo de la experiencia es el gameplay. Villedor no es perfecta y hay elementos que sientan mal en la forma en cómo se construyó esta ciudad, pero dentro de todo es versátil y cumple en lo que prometió.

Ojalá todas las criticas sobre este título sean tenidas en cuenta a la hora de producir el contenido que llegará a futuro, ya que si hay algo confirmado, es que habrá más de Dying Light 2 a lo largo de los próximos 5 años.

Reseña hecha con una copia de Dying Light 2: Stay Human para PlayStation 5 provista por Techland.

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